Jueves, 17 de Mayo de 2012

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Navegas por Opinión Correos al editor Asesinatos de periodistas en Honduras: ¿Denunciar o instrumentalizar?*

Asesinatos de periodistas en Honduras: ¿Denunciar o instrumentalizar?*

Lisa Trenza.- Aunque, de por sí, el incremento de la difusión de información sobre asesinatos de periodistas en Honduras no pueda ser motivo de alegría, el hecho de que en los espacios internacionales más y más personas, medios e instituciones se den a la tarea de llamar la atención sobre ellos, debe ser considerado como un avance importante y una tarea necesaria. Al mismo tiempo que se debe saludar las varias iniciativas en este sentido, con sus distintos enfoques según vengan de instituciones con fuerte potencial de resonancia o de medios con menor capacidad de difusión, cabe preguntarse si el drama que viven los periodistas hondureños merece servir de instrumento para medir (positiva o negativamente) el valor del compromiso ideológico de unos y otros.

Cierto es que a raíz del golpe de Estado, el 28 de junio de 2009, los atropellos y los crímenes contra periodistas (pero también contra miembros de los movimientos sociales, defensores de los Derechos Humanos…) aumentaron de forma vertiginosa, pero igualmente cierto es, que semejantes crímenes ocurrían también antes, en el más absoluto silencio y por consiguiente en total impunidad.

A raíz del asesinato de un periodista en Santa Rosa de Copán, a finales del 2003, obtuve a inicios del 2004, el aval de la organización Reporteros sin Fronteras para investigar in situ por qué un crimen cuyo motivo había sido atribuido por las autoridades de entonces a “motivos pasionales”, provocaba en gran parte de la profesión, tanto malestar y temor de cara a los detentores del poder, sea éste político, económico o mediático. Fundándose en entrevistas con muchos colegas de medios grandes y pequeños, de la capital y de la provincia y también con defensores de derechos humanos independientes e institucionales así como con funcionarios del ministerio de justicia, el informe que remití posteriormente no se limitó entonces a indagar sobre las causas de un crimen sino que intentó abarcar la problemática mucho mas amplia de la libertad de expresión y sus limitaciones sea por medio del amedrentamiento, de la censura, de la autocensura o de la compra de favores.

Cabe señalar que excepto quién me había dado mandato para dicha misión y los colegas hondureños que quizás tengan memoria de ella, nadie más se interesó por el asunto. Nadie quiere decir ni las instituciones, ni los espacios militantes que desde junio del 2009 manifiestan su solidaridad de manera ruidosa (¡y qué bueno que por fin lo hagan!), cuando antes, hay que decirlo de manera cruda, ¡la suerte de los periodistas y del pueblo hondureño en general les valía un comino!

Anteriormente, con la misma indiferencia había sido recibido el reporte de una misión de observación internacional en el departamento de Olancho en el 2002 al lado de los campesinos del Movimiento Ambientalista de Olancho (MAO) y también el intento de dar a conocer la lucha por la tierra de los campesinos del Aguán desde que inició (a inicios de los años 2000).

Limitados en nuestra capacidad de difusión por el aislamiento y el desinterés conjunto del espectro mediático, político y de los círculos militantes europeos y latinoamericanos, los pocos que somos en haber seguido y acompañado por muchos años el quehacer de los movimientos sociales hondureños, no seremos quienes lamenten que recién se haya quebrantado tan triste monopolio informativo. Pero alguna legitimidad tendremos para preguntar ¿por qué tan tarde compañeros? Y a la misma vez nos atreveremos a recordarles a quienes aprovechan tragedias ajenas para arreglar cuentas con organizaciones cuyas orientaciones no comparten (lo cual es su más absoluto derecho – y el mío también, dicho sea de paso) que no se vale confundir ambos cometidos. Si de solidarizarse con los que en Honduras luchan por sus derechos se trata (sean periodistas, campesinos, ambientalistas o incluso ex presidente), que informen de lo que sucede y que hablen de ellos y con ellos. Si en cambio, la represión y los asesinatos en Honduras solo sirven de pretexto para declaraciones bravuconas cuyo principal objetivo es revelar al mundo cuan “puros”, cuan “duros”, cuan “chigones” son, entonces quizás, mejor se abstengan.

Lisatrenza**
Paris, Francia, 6 de octubre 2011

* En referencia al artículo publicado el 27/09/2011 bajo el titulo: “Periodistas en Honduras: los matan y no es noticia”.

** Periodista, ha trabajado por muchos años en America Central, colaborado con varias publicaciones (alternativas y convencionales) en América Latina, Francia, Alemania y Canadá y participado en varias misiones independientes de observación de los Derechos Humanos (México y Honduras).

 

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