La niña de Rajoy se ha convertido en una mujer. Tras ocho años de espera parece que sale a la calle y como decía la canción de Perales, se ha pintado la sonrisa de carmín. Esa mujer se apellida Cambio y en menos de dos horas nos ha contado qué sucede en esta España nuestra y cuál es el futuro más inmediato. Un Rubalcaba perplejo atisbó por un momento que la silla ya no iba a ser suya. En su mirada existía el cálculo preciso de la derrota; esa que se consigue cuando el enemigo da la casualidad que es más fuerte que tú. Y el gallego, ladino él, consiguió obedecer a sus maestros y mantuvo la pupila firme, la mirada fija y el respetable consideró que la papeleta ya tenía un nombre. Entre ricos y recortes el hombre que pudo gobernar mantuvo un monólogo encubierto. Dale al pueblo lo que es del pueblo y toca la fibra sensible que así ganas. Y no sucedió. Por mucho transexual que apareciera en el estrado, por mucha píldora y mucho recorte en sanidad y educación, Alfredo no llevó a las cuerdas a Mariano; ni mucho menos. El mal llamado debate se convirtió en un mírame y no me toques porque del dicho al hecho hay un trecho y da la casualidad que hablábamos de España. Poner encima de la mesa lo que hay no fue tarea difícil y ya me dirán por dónde empezamos a llorar. Y decir “se lo repito, espero que sea por última vez...” fue una de las frases singulares pero solamente tenía algo, sentido común. El tiempo se agotó para el aspirante y tras cuatro asaltos, el plató blanco se convirtió en un escenario acaso terrible para él. El otro, el más alto, salía airoso como si tuviera que pasearse por el ruedo habiendo cortado ya, las dos orejas. Mariano no fue ni mucho menos a perder. Una mirada fría y fija considerando que el voto ya estaba servido, hizo procurar que cuanto más tiempo se le viera, más seguridad iba a ganar. No hizo falta sacar el Faisán a pasear ni el once de marzo; ese día que cambio España y la vida de miles de españoles para siempre. Bastaba ceñirse al día de hoy, al de ayer, al de mañana, ¿quizá? La situación de la población activa es más pasiva que nunca. España es un lugar de personas desempleadas, ancianos y niños. ¿Dónde está la motivación para creer que somos de Europa? Quizás también en los salarios mileuristas de personas con cuarenta años, dos carreras y tres idiomas. ¿De qué sirve que consideremos que esto tiene arreglo si hemos vivido en una burbuja imposible de costear? Y solamente con poner encima de la mesa datos y datos; todos ellos lamentables, la derrota era una.
Y como de los barros vienen los lodos, la España del crédito fácil, de la hipoteca a 70 años, el país del aval se ha visto lleno de tragedia, lleno de desesperanza y lo que es peor, sin posibilidad de ver la luz. Hemos visto solamente expuesto en un mal llamado debate, repito, cómo está la situación del país que vemos cada mañana. Y también en donde las fortunas amasan engaños, cohechos, robos en bolsas de basura o en donde se tercie con tal de llevármelo calentito. Y como hiciera alguna vez alguno, coge el dinero y corre. ¿Le suena? ¿Acaso ha sido en España? El objetivo es el crecimiento económico y crear empleo para que las monedas sigan rodando por el país. Si no hay inversión, si no hay confianza, los españoles empezarán a buscar sus nidos en un lugar que no se llame España. Una sanidad privada, hablábamos de educación, ¿sabe alguien qué sucedió con la LOGSE y los estudiantes peor formados de la historia del pueblo español? Cien minutos y unos cuantos días para saber que en esta vida, todo tiene remedio, hasta la corrupción. ¿qué quiere que le diga? decía Rajoy. Pues eso. Ana De Luis Otero Periodista

