CONRAD
En los años ochenta del pasado Siglo XX surgió en Madrid un movimiento cultural conocido como “La movida madrileña”. Fue una época en la que tras la recuperación de la democracia se descubrieron muchas cosas, en un momento de irreverencia y gusto por la transgresión. Mientras que unos hacían música, otros teatro o cine, algunos insensatos nos atrevíamos a intentar hacer reír al público, porque como decía Nietsche, “el hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”.
Teníamos casi la obligación de hacer reír al respetable para intentar comer caliente, cosas ambas harto difícil para los tiempos que corrían, y que al parecer no han mejorado mucho. Aquellos atrevidos del papel, la pluma, el bolígrafo o las tijeras (la informática estaba todavía en la sala de partos, vertiendo aguas) veníamos a ser como los bufones de la antigua y actual Corte a los que se nos permitía decir en broma lo que los demás pensaban en serio, sin necesidad de rebanarnos el pescuezo.
Han pasado los años, nacido otra generación, y viendo el panorama actual algunos pensamos que merece ser recordada aquella Transición de risa, haciéndolo a modo de parábolas bajo la óptica del humor y el desenfado, dando un repaso a políticos, cantantes, famosos y gentes varias de aquella fauna ibérica sin peligro de extinción que en su día fueron y descollaron, y que incluso algunos siguen dando coletazos. Riámonos, pues, a calzón (o slip) quitado de aquellos personajes de hace cuarto y mitad de siglo ahora que todavía podemos, porque la sonrisa, mal que a algunos les pese, sigue siendo la distancia más corta entre las personas, no tiene IVA (todavía…) y además no engorda.
Ahora que comienzan estas Elecciones Municipales y Autonómicas, y ante lo que se avecina, veamos en su propia salsa a aquellos ejemplares de antaño observándolos bajo una lupa desenfadada, pero casi tan real como la vida misma. Sin ir más lejos, fíjense en ese sujeto que les contempla, un tipejo de armas tomar.

