Juan Tomás Frutos
El año 2011 ha sido calificado en muchas ocasiones como un período para olvidar. Ha sido duro, sin duda. El paro, la crisis, la precarización, las vacilaciones sobre el sistema, los cambios en toda Europa, la insolidaridad, la escasa fe en la superación de los problemas por tratarse de una transformación profunda del modelo vigente… Ha sucedido de todo, y mucho de lo acontecido en el ámbito económico-social ha sido pésimo.
Por eso se dice que es mejor olvidar, pero mi apreciación es que conviene recordar todo lo que se hizo y todo lo que no se llevó a cabo para no repetir errores… Y si la economía fue mal, la esfera periodística fue peor, con cierre de medios de comunicación, reducciones de plantillas, con menos salarios, con condiciones más nefastas, con “aminoraciones” de los ingresos por publicidad, con menos apoyos en forma de subvenciones de las Administraciones Públicas, con una retirada de la confianza que se ha ido ampliando en y a todos los ámbitos societarios, y también en el nuestro, con una puesta en cuestión de todo lo realizado anteriormente, pues el modelo se ha tambaleado, un año más, desde sus propias bases.
La Prensa -conviene resaltarlo- hizo una labor encomiable en momentos muy difíciles, pero me van a permitir que destaque la extraordinaria tarea desarrollada para dar a conocer los terremotos de Lorca (Murcia), acerca de sus consecuencias, en torno a las necesidades de una población que sufrió el golpe de la Naturaleza en sus propias carnes y en su economía, que quedó sumamente maltrecha. Numerosos reconocimientos nacionales e internacionales, amén de los regionales, dan testimonio de un quehacer relevante en lo periodístico, así como en otros órdenes. Creo que en un año de una crisis tan enorme las funciones de formar, informar y entretener se hicieron con extraordinaria eficacia, aunque, como en todo en la vida, hay luces, sombras y diferencias en las apreciaciones.
La esencia de las tareas periodísticas entronca con un derecho constitucional básico a la información libre, plural, reconocida en sus diversas apreciaciones y opiniones, desde la mejor de las intenciones y de las voluntades. Entiendo que hicimos, todos, un esfuerzo encomiable, desde los diarios, desde la Radio y la Televisión, e igualmente a través de Internet, para que la ciudadanía conociera lo que ha ido pasando en España y en el planeta Tierra.
La comunicación es el contexto, su contexto, y, en ese sentido, ha ido nuestro esfuerzo. Esperamos, esperemos, aprender de todo lo conseguido durante 2011, de lo bueno y de lo malo, de lo mejor y de lo peor, de lo que nos gustó y de lo que no nos complació tanto. No queremos que se olvide el pasado año: no es bueno que se olvide. Aprendemos de lo vivido, y, por ello, el año 2011 ha de tenerse muy presente, pues entraña lecciones que han de dibujar labores para años venideros. Ésa es nuestra confianza.


