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Sábado, 1 de Diciembre de 2012

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Lapidaciones de mujeres: "La verdad de Soraya M."

Soraya

Mercedes Arancibia.- Desde luego que esta historia, por incómoda que sea, había que contarla y que las palabras son insuficientes para hacerlo. Está claro que es una historia que hay que contar en imágenes, pero la pregunta es si había que hacerlo necesariamente como lo ha hecho el realizador norteamericano Cyrus Nowrasteh (de familia de emigrantes iraníes); si era inevitable someter a los espectadores a más de un cuarto de hora final de lapidación y agonía de la protagonista al detalle, sin escatimar ni un solo centímetro cúbico de la sangre que le mana a chorros de la frente, ni tampoco la mirada vidriosa de un último instante de algo parecido a una vida.

Ciertamente es una película coral, porque de una forma u otra, toda la aldea toma parte en el inútil sacrificio público de una mujer inocente, pero también me pregunto si ha sido una buena elección darle forma de tragedia griega, hasta el punto de que las calles y las casas parecen solo un decorado por el que deambula la negra sombra del drama llevado a sus últimas consecuencias, y los personajes casi casi las marionetas de un titiritero.

No tengo ninguna duda de que se trata de un hecho real, de que esos personajes existen y viven cotidianamente situaciones como la narrada en “La verdad de Soraya M.”. No dudo en absoluto de que en países como Irán -y no es el único- hay maridos criminales, clérigos corruptos y alcaldes desaprensivos. Estoy segura de que en sociedades cerradas a cal y canto, como la del pequeño pueblo iraní escenario de la tragedia, se puede coger la vida de una mujer y destrozarla, sacrificarla en nombre de un supuesto adulterio para esconder otras pasiones vergonzosas.

Sé fehacientemente que, justo en Irán, una mujer acusada de adulterio tiene que demostrar su inocencia mientras que si es ella quien acusa al marido tiene que probar la culpabilidad. No es ningún secreto que finales tan desgraciados como el Soraya M. se están produciendo a diario en países donde la mujer no es ni siquiera un objeto, solo algo para usar y tirar.

Por eso, insisto en que esta historia había que contarla y, si me apuran diría que debe verla todo el mundo porque entonces será más fácil entender las campañas internacionales de los defensores de los derechos humanos para intentar salvar la vida de mujeres como Sakineh M. Ashtianí (por cierto, que desde que han cambiado la acusación de adulterio por participación en el asesinato de su marido, y la condena de lapidación por la de morir en la horca, parece como si hubiéramos dado por buena la sentencia judicial y estemos de acuerdo con que la cuelguen).

No es ningún secreto que finales tan desgraciados como el Soraya M. se están produciendo a diario en países donde la mujer no es ni siquiera un objeto, solo algo para usar y tirar. Hay cifras de lapidaciones en Jordania, en zonas rurales de Turquía, y no hace ni una semana que vimos imágenes televisadas de la muerte a pedradas de una mujer en Pakistán.

Lapidaciones de mujeres: La verdad de Soraya
Comentarios (1)Add Comment
0
es muy triste
escrito por yesenia, noviembre 22, 2012
ver que ocurran estas cosas y sentir la impotencia de ver como una cultura pasa por encima de los derechos de un ser humano como si fueran santos, "Dios dijo quien este libre de pecado que tire la primera piedra" es una pena.

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Última actualización el Viernes 15 de Octubre de 2010 14:14