Mercedes Arancibia.- El 27 de octubre pasado, al finalizar la cuarta sesión de la Seminci de Valladolid, un crítico definió la película “Incendies”, del canadiense Denis Villeneuve, como “sólida, brutal e impactante”. Lo firmo.
Y añado que es una obra de arte sobre el deber de la memoria y la fuerza de las mujeres, la fuerza que como género, como colectivo, han tenido a lo largo de la historia de la humanidad; allí donde hay un conflicto hay siempre una mujer que da la cara. De una manera más general, “Incendies” es la historia de una búsqueda hacia el pasado y la realidad de un país extranjero, un drama, una tragedia continuada de algo tan universal y cotidiano como son los horrores de la guerra.
Basada en la obra teatral del mismo título, del libanés Wajdi Mouawada, el realizador canadiense evita, a lo largo de las más de dos horas que dura la película, situar la acción en un espacio-tiempo determinado aunque, evidentemente, sucede en Oriente Medio y se habla de los campos de refugiados (situados a ambo lados de la frontera con Líbano), se menciona abiertamente Tel Aviv y se muestra el cristal de la garita de una frontera donde aparece nítidamente escrita la palabra Palestina. En resumen, que Villeneuve cuenta el conflicto libanés sin nombrarlo, a través de la mirada de una mujer. El objetivo de la obra teatral, como el de la película, es “profundizar en el tema de la cólera y no el de generarla: el territorio de “Incendies” es un campo de minas históricas”, decía el realizador en una crónica publicada en el diario francés Libération, cuando su estreno en París hace algunas semanas.
Y el periódico añadía: “El texto más incendiario sobre la guerra civil libanesa, “Incendies” de Wajdi Mouawada, no menciona en ningún momento ni el Líbano, ni Beirut, ni la cárcel de Khiam, ni a los palestinos o las falanges libanesas, ni a los israelíes, los sirios, el movimiento chiíta Amal... ni a ninguno de los demás intereses implicados hasta las cejas en esa carnicería (es decir, en un momento dado, una buena mitad del planeta)... A partir de esa ocultación de nombres de lugares, de personas, de nombres de guerra, la película de Villeneuve ha conseguido edificar un espacio singular que es también una demostración de su inteligencia”.
Y si en esta historia el Líbano ha perdido su nombre “es porque ha hecho todo lo posible por mantener la amnesia de su locura furiosa. Un país que amnistió globalmente, sin monumento a sus muertos, sin memorial, que ha hecho de todo para evitar enfrentarse a la verdad sobre su propia guerra (bien atribuyéndola a otros, bien ocultándola) corre el riesgo definitivo de perder incluso sus raíces, es decir el hilo de su historia”. Y ese es el silencio que retrata “Incendies”. “La guerra civil es una tragedia y la película la entiende en el sentido griego del término: Sófocles bañado de trementina en un autobús acribillado a balazos, Medea violada repetidamente por los suyos en la una cárcel del Sur”.
Así que en un tiempo y un país desconocidos -que solo en las últimas imágenes identificaremos en la lápida de un cementerio canadiense con los años 70/80 del siglo pasado- el espectador se ve obligado a ir llenando los vacíos del texto, a ir dibujando un país, el que sea, en el mapa, mientras acompaña a dos hermanos “gemelos” (creo que la traducción correcta sería mellizos, los gemelos, que proceden del mismo óvulo, son siempre del mismo género) en su periplo por ciudades de edificios agujereados y pueblos borrados de la historia, en busca de un padre al que creían muerto y un hermano cuya existencia desconocían (Nawal, la Mujer con mayúscula que es el centro de la historia y que representa también la referencia geográfica, los orígenes, deja ese encargo al morir a sus hijos), lo que al mismo tiempo les va a servir para conocer de donde vienen y saber quién fue realmente su madre, a la que ellos recuerdan desde siempre como emigrante en Canadá, secretaria de un notario que es quién pondrá medios y relaciones al servicio de esa búsqueda, dolorosa pero necesaria.
Como la chica de “los gemelos” es ayudante en la cátedra de Matemática Pura en la Universidad de Montreal, la incógnita de la película se resuelve con una ecuación muy simple: en matemáticas no, pero en la vida a veces uno más uno no son dos, sino uno.
“Incendies” es la película que Canadá ha presentado como candidata a los Oscars en la categoría de “mejor película de habla no inglesa”. Tiene todos los ingredientes para conseguir hacerse con la estatua: altísimo nivel de producción, historia dura, muy dura, de sentimientos ocultos, odios, religiones y venganza con fondo de guerra. Excelente interpretación de los personajes principales y niños, esos niños que crecen, aquí y allí, con un fusil en la mano en lugar/o además de una cartilla escolar, desconociendo muchas veces de donde vienen e ignorando casi siempre a donde van. Esos niños soldados de ayer que hoy son hombres, refugiados políticos en otros países sin que nadie les haya preguntado “qué hicieron en la guerra”.


