Mar Sierra
La semana pasada se dieron a conocer las nominaciones a los Globos de Oro, premios antesala de los Oscars, por lo que actores, directores, público y prensa están revueltos haciendo quinielas. La gala se celebrará el próximo 15 de enero en Los Ángeles y ya tiene favorita: The Artist.
Con seis nominaciones, The Artist es una de las más valoradas en las porras de todo el mundo. La película opta al premio a la mejor película musical o comedia y a la mejor banda sonora. Su ideólogo Michel Hazanavicius es candidato a los premios al mejor director y al mejor guion. El apuesto actor Jean Dujardin, quien da vida a George Valentin, es aspirante a mejor actor y su compañera de reparto, la guapa Bérénice Bejo, es una de las favoritas a mejor actriz.
La película, muda y en blanco y negro, está hecha para el goce y disfrute del espectador. Ambientada a finales de los años 20, cuenta la historia de George Valentín una estrella del cine mudo en los primeros años del cine sonoro. La vida del actor en Hollywood no es fácil, las estrellas resplandecen hasta que llega otra con más brillo. El pobre George ve como su carrera está completamente acabada mientras que la joven Peppy Miller, a la que él ayudó en su momento, le remplaza en el firmamento del start system.
El director francés ideó este film como homenaje a sus directores fetiche. En The Artist hay mucho de Murnau, del primer Hitchcock, de Lang. Hazanavicius escribió el guión y se fue a Hollywood con todo el equipo donde rodó la película en sólo 35 días. Como curiosidad, decir que la casa de la Peppi Miller, la protagonista, perteneció a Mary Pickfor una de las estrellas del cine mudo real.
No es la primera vez que se habla del paso del mudo al sonoro. Clásicos del cine como Singing in the rain protagonizada por Stanley Donen y Gene Kelly ya trataron el tema. La perspectiva de Hazanavicius no es novedosa, es una comedia romántica como otra cualquiera, pero está realmente bien hecha. Tiene algo de mágico para el espectador del siglo XXI enfrentarte al blanco y negro en la gran pantalla. Cuando te sientas en la butaca parece como si estuvieras viajado en una máquina del tiempo.
La película es todo un reto porque obliga al espectador a cambiar el chip. La imagen pasa a ser protagonista absoluta y las sombras, los contrastes, los gestos… marcan la acción. Se lleva lo vintage. The Artist demuestra que se puede disfrutar de una película que sabe a viejo. De momento, su estreno ha silenciado a Misión imposible 4: protocolo fantasma con Tom Cruise como cabeza de reparto.
Renovarse o morir podría ser la moraleja de The Artist. En estos días inciertos no está de más revisar el pasado.
Mi recomendación: vayan al cine, disfruten y ¡hagan sus apuestas!

