Mercedes Arancibia
Lo mejor de Eva, la última película del catalán Mariano Barroso (Mi hermano del alma, Extásis, Kasbah, Invisibles) es que, en la escena final, la protagonista, la juez Eva, Leonor Watling (Hable con ella, Inconscientes, Salvador… y la voz y el espíritu del grupo musical Marlango) reivindica a todas las mujeres violadas en el mundo, física o moralmente, cumpliendo un viejo sueño para limpiar agravios, cuando apunta, dispara y acierta en los genitales del tipo, Rocco, Miguel Angel Silvestre (La distancia, Sin tetas no hay paraíso) que le da la réplica.
No se sabe bien si es chulo, parece que también, pero se tiene la certeza de que es un gigoló, que vive del dinero de las mujeres que le contratan como acompañante por horas. Es también el testigo en un caso de asesinato y la típica y tópica “chocolatina” abdominal de anuncio de ropa interior masculina.
Eva, explican las notas de promoción de la película que se estrena en España el 10 de febrero de 2012, es una juez con mucho futuro; lo dudo. Lo que yo he visto en la pantalla es una juez de instrucción llena de problemas personales arrastrados desde la infancia que se identifica fácilmente con las víctimas (la prostituta muerta, la esposa del presunto asesino…) y con la misma facilidad se “traga” todas las historias que le cuenta el gigoló en cuestión que –estaba cantado desde el principio- es un cómplice más de ese crimen que tendrá que sobreseer ante el chantaje que le obligará a abandonar la carrera judicial la primera vez que se enfrenta a “un caso importante”.
A pesar de tratar un tema enormemente actual –el asesinato de una prostituta emigrante cuando se convierte en un problema para el amante rico que la mantiene- y de apuntar directamente con el dedo a una de las mayores lacras sociales que padecemos, la mala justicia, la justicia a dos velocidades, para ricos y pobres, la falta de justicia, en suma, ni el guión tiene la fuerza necesaria para mantener el interés ni los actores la credibilidad imprescindible.

