Jueves, 17 de Mayo de 2012

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Centenario de Antonioni, el cineasta que retrató y contó la incomunicación y la alienación

Antonioni-Michelangelo-listalMercedes Arancibia

Michelangelo Antonioni es uno de los realizadores fetiche de la generación que se hizo adulta en los años 1960. Los rostros bellísimos de Monica Vitti, Lea Massari y Jeanne Moreau en sus películas L’Avventura y La Notte dijeron en voz baja, casi en susurros, todas y cada una de las preguntas existenciales que nos hacíamos entonces.

Antonioni retrató, filmó, contó lo que eran/son la incomunicación y la alienación. Mientras el destino actuaba en contra suya, condenándole a una incomunicación casi absoluta, a permanecer mudo los últimos veinte años de su vida, el tiempo ha jugado su favor, porque nuestro mundo actual no hace más que confirmar sus predicciones: el fin de la política, la ruina de las relaciones sociales, el desastre ecológico, la crisis de la pareja y la ruptura de la familia… habría cumplido cien años el próximo septiembre.

Fue uno de los grandes cineastas del siglo XX (también escritor y pintor). Nació en Ferrara el 29 de septiembre de 1912 y murió en Roma el 30 de julio de 2007, el mismo día que en Estocolmo fallecía Ingmar Bergman, otra figura imprescindible de las artes escénicas. Ambos, junto a un puñado más de realizadores italianos (Rosellini, Fellini, Visconti, De Sica, De Santis…) y franceses (Truffaut, Godard, Resnais, Chabrol, Robbe-Grillet…), ocupan por derecho propio un lugar de privilegio en la historia de la penúltima de las artes.

Ahora, Ferrara se viste de gala para celebrar en septiembre de 2012 el centenario de uno de sus hijos predilectos. Situada en el norte, junto al Adriático y cerca de Venecia, se distingue de otras ciudades italianas, entre otras cosas, por la belleza y el desenfado de sus mujeres, que son el sueño de los milaneses. En algún momento de su vida, todos los milaneses han querido tener una novia de Ferrara; en Milán circulan muchas historias y chistes sobre las andanzas y el carácter de las mujeres de Ferrara, que fue un importante burgo medieval, una de las grandes cortes del Renacimiento y un compacto núcleo judío en la Italia de los últimos cinco siglos. En esta segunda quincena de enero de 2012, en Ferrara se ultiman los preparativos del Día de la memoria (27 de enero, con importantes manifestaciones de homenaje a los deportados y muertos en los campos de concentración nazis) y los del carnaval; se abre al público el primer núcleo del Museo Nacional del Judaísmo Italiano y la Shoah, y se monta la primera exposición de Joaquín Sorolla en Italia, que podrá visitarse hasta junio de 2012.

Ferrara va a celebrar el centenario de Antonioni con una gran exposición monográfica en el renacentista Palazzo dei Diamanti –La mirada de Michelangelo, Antonioni y las artes”- de cuyo montaje se está ocupando Dominique Païni, director durante muchos años de la Cinemateca francesa y después director de la programación cinematográfica del centro Pompidou de París, quien ya lleva acumulada suficiente experiencia en exposiciones con las dedicadas a Hitchcock, Cocteau y Godard. Una muestra recorriendo doce salas y un jardín sonorizado, con referencias al arte contemporáneo, la fotografía, el cine y las vanguardias digitales.

Antonioni-Montanas-encantadasLas pinturas de Antonioni, poco conocidas por el público italiano y aún menos por el de fuera de Italia, ocuparán un lugar preferente agrupadas bajo el lema Montañas encantadas: “minúsculas acuarelas, aumentadas de relieve a base de sucesivos collages y agradadas después en proporciones gigantescas en relación con el modelo de base”. Pinturas, asegura el enviado especial del diario Libération, Olivier Séguret, “muy próximas a sus películas más célebres (L’Avventura) o más radicales (Zabriskie Point, Profesión: reportero), pero también a los cuadros de maestros contemporáneos como Twombly, Motherwell o Rothko”.

Entre la enorme masa de documentos que ordenan y expurgan los organizadores de la muestra, se encuentra una voluminosa correspondencia, “buena parte de la cual merecería ser editada…cartas chuscas como la de Lucy Ulrich, de la productora Clavis Films: “Tengo los derechos del castillo de Kafka. Ruédela para mi…”; cómicas, como la de un productor llamado Roger Nimier, en la época de La Noche: “No olvide que si la Moreau se pone caprichosa hay que propinarle un cachete en el culo y darle a beber zumo de zanahoria”. Preocupada, la carta de de un estudiante estadounidense. “¿Cree usted en Dios?”. Increíble, la carta del muy académico realizador Jean Delannoy: “Mi querido Antonioni, Blow Up me ha desbordado… la trascendencia poética, el documento humano…”. Fraternal la de Joseph Losey: “He intentado contactar varias veces contigo sin conseguirlo…llámame en cuanto tengas ganas de ser sociable”. De Bartes a Tarkovski, de Fellini a Kurosawa pasando por Italo Calvino y el “vecino” Giorgio Morandi, que Antonioni admiraba particularmente (una de sus naturalezas muertas aparece en La Noche)”.

Al mismo tiempo, en la Cineteca de Bolonia, especialistas en restauración y digitalización de películas colaboran con las instituciones de Ferrara para presentar en septiembre una retrospectiva completa, aunque no toda la producción de Antonioni está restaurada todavía : “Queda mucho trabajo por hacer”, dice Farinelli, el director de una de las cinematecas más hermosas del mundo (allí están restaurando también toda la obra de Pier Paolo Pasolini), quien lamenta que “hoy apenas nadie se acuerde de Antonioni en Italia”, a pesar de que “el mundo está embebido de Antonioni”. La realidad diaria le da la razón, lo que Antonioni filmó fueron todos nuestros interrogantes, nuestras dudas, nuestra absoluta falta de certezas.

Como muchos otros de sus colegas, maestros todos del mejor cine italiano, Antonioni primero fue crítico y luego guionista en Roma, entre otros para Rosselini, Fellini y de Santis, y ayudante de dirección con Marcel Carné. Pasó después a hacer cortometrajes, documentales en los que es palpable la influencia del neorrealismo, y en 1950 realizó su primer largometraje de ficción, Crónica de un amor (Cronaca di un amore), en el que se alejó definitivamente del neorrealismo y empezó a concentrarse ya en lo que luego sería leit motiv de todas sus películas: la complejidad de los personajes, sus sentimientos, su intimidad, temas de los que el neorrealismo “había huido como de la peste”. Las preocupaciones y las angustias de la Italia de mediados del siglo XX no son las mismas que las de la inmediata posguerra; Antonioni lo resume en una docena de palabras: «a partir de ahora hay que estudiar el alma de los personajes en lugar de su vida en sociedad”. Cronaca di un amore es un retrato de la alta burguesía milanesa con una hermosísima Lucia Bosé como protagonista. Para la siguiente película, La signora senza camelie (1953), pretendió descubrir a una exuberante comparsa de Cinecittà, una tal Sofia Scicolone que con el tiempo de convertiría en Sofia Loren; los productores insistieron en que repitiera la experiencia con la Bosé, que ya había funcionado. Años más tarde ambos –director y actriz, consagrados- lamentaron profundamente que no se hubiera producido aquel encuentro.

Diez años después, el Premio del Jurado del Festival de Cannes a L’Avventura le catapultó al Olimpo de los mejores directores europeos. “El director de la incomunicación -escribía la crítica Annalina Grasso –abandona el proletariado de Il grido para describir el malestar existencial, la inestabilidad de los sentimientos en el ambiente burgués (pueden apreciarse elementos del cine de Buñuel en películas como El discreto encanto de la burguesía) a través de su fascinante estilo narrativo, hermético e intelectual. Pero más que en la incomunicación (un asunto que profundizará en sucesivas películas) Antonioni se centra en el propio sentimiento propio de la amistad y el amor”.

Después de una veintena de películas “imprescindibles” para contar la historia de los primeros cien años del séptimo arte- La Notte, I vinti, Le amiche, Il grido, L'eclisse, Il deserto rosso (primer filme que rueda en color), Blow Up, Zabriskie Point…-, en 1995 recibió un Oscar de honor al conjunto de su carrera.

Desde la primera película hasta la última, Eros (2004), Antonioni se inspiró rigurosamente en la realidad de su tiempo para sondear conflictos, psicologías y sentimientos: “Pienso que la gente del cine debe estar muy ligada, como inspiración, a su tiempo. No tanto para expresarlo en sus acontecimientos más crudos o trágicos como para recoger las resonancias de todo ello dentro de sí”. Resumió las impresiones de todo lo que había en su entorno y dio un sentido, ético y estético, a su obra: “Es importante para un realizador, más que para los demás artistas, a causa de la compleja materia que tiene entre manos, estar de alguna manera comprometido éticamente”.

A pesar de estar considerado como uno de los realizadores más notables del cine mundial, sus proyectos nunca estuvieron exentos de dificultades. Mientras discutía con las productoras, se dedicaba también a otras cosas que le interesaban; en 1983 publicó un libro de cuentos, Quel bowling sul tevere, siguió pintando y empezó a exponer sus cuadros, rodó un spot para Renault y el videoclip de la canción Fotoromanza, de Gianna Nannini. En 1985 un ictus le dejó mudo y ya nunca se recuperaría totalmente. Aun así, y con la ayuda de su mujer, Enrica Fico, consiguió trabajar con Wim Wenders, firmaron juntos Al di là delle nuvole (1995). Una exposición en Roma, El silencio de los colores, reúnió más de 500 cuadros y esculturas realizados desde 2002 en el templo del emperador romano Adriano, donde 44 años antes Antonioni rodó algunas escenas de L’eclisse. Escribía entonces en el catálogo Enrica Antonioni, comisaria de la muestra: «Su cine es casi siempre abstracto, y lo mismo ocurre con su pintura. Intenta encontrar el ángulo perfecto gracias a un motivo, el color, la forma, el espacio... Se sitúa delante de la tela virgen y se repliega en sí mismo, e incluso en nada, en el silencio. Y de pronto la idea adquiere forma y es entonces cuando se pone a pintar…Antonioni tiene muchos problemas para comunicarse, los colores le han ayudado mucho, casi le han curado. Es así como expresa lo que quiere decir”.

Con más de ochenta años, en 2004, acudió a los platós a realizar uno de los tres episodios de Eros (los otros dos autores eran Steven Soderbergh y Wong-kar Wai). Ese mismo año rodó el documental La mirada de Michelangelo sobre el Moisés de Michelangelo en San Pietro in Vincoli, 15 minutos sobre una de las obras más famosas de la historia de la pintura.

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