
Mar Sierra
No es que Rachel Weisz tenga muchas arrugas pero líneas de expresión tenemos todos. Una conocida marca de belleza ha elegido como musa a la actriz británica haciéndole un lifting total, dejando su piel más tersa imposible. Parece que el “efecto Photoshop” no ha gustado mucho al regulador de publicidad de Reino Unido que acaba de prohibir la publicación del anuncio.
La lucha contra los signos de los envejecimientos está a la orden del día. No tomes el sol, envejece. No comas mal, envejece. El estrés, envejece. Que no les engañen, lo que realmente envejece es el paso del tiempo y éste es un regalo.
Vivimos obsesionados por ocultar esos pedazos de tiempo que acampan en nuestra piel a modo de pliegues, las arrugas. Sólo miramos lo que nos gusta y hacemos transparente lo que no nos interesa. La edad nos vuelve translúcidos.
Ese es el mérito de la película de animación española Arrugas que pueden ver estos días en los cines. Los viejos, sus achaques y esa institución temida “el geriátrico” son los protagonistas de la cinta del director Ignacio Ferreras basado en el cómic del mismo nombre del dibujante Paco Roca. Los dibujos animados se vuelven viejos y de pronto los abuelos, normalmente secundarios o inexistentes, toman la gran pantalla.
La historia es la de tantas y tantas personas mayores. La edad nos hace torpes y pesados, un trasto viejo que molesta. La familia considera lo más sensato llevar al abuelo a una residencia. Emilio, el protagonista de la cinta, está mayor. Ya sabe lo que le toca. De pronto se ve abandonado a su suerte en este nuevo hogar en el que comparte soledad con todo tipo de viejos achacosos, llenos de arrugas.
Me gusta la idea de retratar la ancianidad, el mirar de frente a estos viejos transparentes, el ponernos “las gafas de ver”. Sin embargo incluso con las “gafas de ver” puestas y mucha predisposición Arrugas es una película llena de tópicos. Cierto es que esperaba una maravilla como El ilusionista de Sylvain Chomet y ya saben, no hay nada peor que una expectativa defraudada.
La idea de residencia como símil de cárcel en la que esperar la muerte, es desalentadora. Un lugar en el que sólo se comparte incomunicación y en el que estas al amparo de enfermeros que se confunden de pastilla, médicos que te mienten y viejos salidos esperando ver a la monitora de gimnasia.
Llámenme utópica pero me quedo con la idea ñoña de un lugar donde compartir vivencias y en el que, espero, que me cuiden cando ya no pueda. ¿Si no podemos confiar en el otro cuando seamos viejos y ya no podemos confiar en nosotros mismos que nos queda? Terrorífico.
Quizás la edad y el precio de la taquilla me estén haciendo más exigente. Pero perdónenme si con o sin gafas veo la arruga bella.

