
Manuel López* (Especial para P-ES).- Esencial madrugar. A las nueve de la mañana ya están todos los puestos del rastro abiertos, listos para recibir a los primeros visitantes, entre los que, de haberlos, saldrán también los primeros compradores. Nos acercamos al rastro a cielo abierto de Denia con la intención de hacer una prospección completa de todos los puestos para elegir el que mejor se preste para el objeto del ejercicio didáctico experimental que habrá de dar forma, como anunciamos, al asunto de esta entrega: intentar hacer un reportaje en el rastro sin salir de un puesto.
De esta manera matamos dos pájaros de un tiro: evitamos caer en la foto consabida, esto es las típicas fotos de un rastro que todos estamos hartos de ver: gente caminando entre los puestos o detenida observando los objetos más variopintos exhibidos en las tarimas o directamente en el suelo ante la mirada de los vendedores. Ante un tema trillado, se impone redoblar la exigencia: no fotografiar al tuntún lo que vayamos viendo, sino acotar el espacio en el intento de buscar nuestro pequeño tema dentro del tema grande. Por decirlo en otras palabras, cambiar de raíz el libreto buscar foto donde no la hay, en vez de pulsar el disparador en aquellas escenas de foto que ya están ahí esperando al fotógrafo.
Renunciamos, pues, a utilizar en esta entrega las fotos que pudimos ir haciendo en la prospección previa al conjunto de puestos del rastro. Editaremos las mejores y las archivaremos para usos futuros. Fieles a nuestro propósito, decidimos centrarnos en un solo puesto, el 76, al frente del cual está Javier Vañó, un empresario que se dedica a las representaciones comerciales de muebles y decoración con tienda abierta en L'Olleria (Valencia) y que para aumentar las ventas acude ahora los viernes al Rastro de Denia y los sábados a Alzira.
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Nos llamó la atención el hecho de que su puesto está en primera fila y se levanta espléndido al costado de una imponente furgoneta roja con el Montgó al fondo. El hecho de tener en sobria exposición unos pocos artículos de gran tamaño -la antítesis del puesto tradicional con centenares de objetos aleatorios amalgamados sin orden ni concierto- incrementó el interés. Una vez presentados al propietario, explicado nuestro propósito y recibido su consentimiento para hacer fotos dentro del puesto, nos posicionamos discretamente a esperar y ver... cámara en ristre.
"En ristre" significa tener la cámara siempre dispuesta. Discretamente dispuesta, hay que añadir; el reportero es testigo, no protagonista. Antes que en los artículos expuestos o la gente que pasaba, nos centramos en el protagonista, que no es otro que Javier Vañó. Mostrando un cuadro de un retrato de mujer a un cliente potencial no es que nos pareciera buena foto; la escena en sí era foto. Un recorte a ambos lados en la edición, dejando la imagen cuadrada, acrecienta el protagonismo de Vañó.
¿Filosofía básica cuando nos planteamos reencuadrar una imagen? ¡Muy sencillo: basta con preguntarle a la misma foto si la superficie en cuestión añade algo o no! En este caso, el segmento de la izquierda -el paisaje- ya lo hemos incluido en la foto de arranque; el de la derecha -la lámpara multicolor- se repite. Por lo tanto, regla de oro al canto: Menos es más.
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Ya tenemos personaje con cara y ojos -nombre y apellidos- y su circunstancia: llevando el género de su comercio en L'Olleria a la feria.
Acudió un comprador con visera muy interesado en un juego de sillas tapizadas en imitación de piel de cebra. Le atienden Javier Vañó y su hijo Javier. Foto. Asegurarnos una foto, aunque no sea la mejor posible, es la manera de tener foto. La foto de cajón es la del grupo que forman cliente, vendedor y ayudante. Para no distraerles y fotografiarles en su salsa, se optó por disparar la cámara a ciegas a la altura de la cintura.
Revisada la imagen -he ahí una de las ventajas colosales de la fotografía digital, el poder visionar al momento la foto que acabamos de hacer-, ahora podemos arriesgar un poco más y acercarnos aun más al grupo. He aquí el resultado de la foto normal del grupo de los tres y la nueva foto con el titular del puesto 76, Javier Vañó, como protagonista destacado:

A media mañana se acerca el cobrador municipal. Nueve euros, recibo y un rato de conversación con el funcionario recaudador en presencia de Víctor, vecino de puesto y también de origen -propietario de un vivero en L'Olleria-. Un poco más tarde, otra visita de rigor, la del vendedor del cupón de la Once, con quien revisa el cupón de la semana anterior. Una licencia en clave macro: foto al bolsillo del polo del hombre del cupón de la suerte.
En la edición, esta última imagen al pie de las otras dos le da una lectura absolutamente economicista, como de crisis al conjunto. Pero minimiza las figuras. Se impone respetar el par de imágenes de las visitas institucionales sin que las figuras humanas pierdan protagonismo. Una regla de oro en fotografía, y muy especialmente en la fotografía de reportaje es la que sostiene que "el hombre es la medida de todas las cosas". El más equilibrado montaje de las dos fotos a la derecha cuenta mejor este apartado de la historia:
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Para nuestro reportaje necesitamos una foto complementaria de la que publicamos más arriba de presentación del puesto bien concurrido de público. Otra foto del puesto, vaya, pero esta vez en clave documental, vacío de gente. Como quiera que renunciamos a parar el tráfico de gente deambulando en ambas direcciones, no conseguimos un solo momento de vacío de personas, por lo que aplicamos el recurso del tercer grado en estos casos: ya que no veíamos el puesto libre de gente, lo fotografiaríamos en dos fases: primero una mitad libre de gente y luego la otra, para cortar y pegar luego ambas con un programa de tratamiento de imagen y conseguir así el documento fotográfico objetual.
Cosa que hicimos. La foto del puesto vacío son dos fotos pegadas.
Fotografiamos luego en detalle algunos de los objetos expuestos, pero a la vista de la armonía visual del conjunto del puesto, optamos de nuevo por aplicar la receta de Menos es más. El puesto sin gente, con todos los artículos primorosamente expuestos y sin necesidad de muletas gráficas de fotos de objetos en detalle, parece la opción más sobria de complementar la foto del puesto en hora punta de tráfico:
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Discretamente instalados durante cerca de media hora en el mismo lugar, resueltos a contar el rastro por lo que allí sucediese -explicar el todo por la parte-, la paciencia que por fuerza ha de acompañar siempre a la observación nos plantea una y otra vez el mismo reto pero sobre referentes siempre cambiantes. Y es que el pronto emocional del placer de fotografiar procede pasarlo necesariamente por el filtro racional de pensar la foto.
Los elementos narrativos de nuestro reportaje son: el entorno, el emplazamiento, el puesto elegido, la persona que lo regenta, los objetos que vende... y la gente, el público, los potenciales compradores. En este caso, una vez resueltos los planos generales del entorno -la foto de arranque-, el emplazamiento -la segunda foto, el puesto- y las fotos de presentación de la cara y ojos del reportaje -Javier Vañó, empresario valenciano de representaciones comerciales de muebles y decoración, solo y en acción con otras personas-, y tras renunciar a las fotos individuales de los objetos, por poco fotogénicos fuera de la toma general del puesto vacío con los artículos en exhibición, procede ahora... ¡fotografiar a la gente que pasó por allí!
Con paciencia, la curiosidad a pleno rendimiento, ojo avizor y una cámara discreta con un zum razonable -en este caso una Olympus mju de bolsillo normalita y corriente, que nos permite trabajar con toda discreción-, hacer fotos a la gente equivale a disponerse a sacar petróleo de cualquier situación, y el espectáculo de un puesto en el rastro a cielo abierto de un pueblo da buenos resultados al instante:
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Sin salirnos del puesto 76 y en apenas media hora, la tarjeta de memoria se va nutriendo de retratos de personas de lo más dispar. Queda todavía afinar más el encuadre y centrarnos en el retrato en sí, en las expresiones, a cual más distinta, de las personas que se detienen ante el puesto.
Entramos aquí en un terreno absolutamente legal, faltaría más -toda persona deambulando por lugares públicos forma parte del paisaje-, pero que desde instancias frontalmente enfrentadas a la libertad de información no cejan en querer torcer como "territorio privado". Nada más lejos de la realidad... y del sentido común. Siempre y cuando observemos una deontología profesional correcta -lo que entendemos por respetar el pie de foto, esto es, referenciar las fotos en todo momento en el contexto en el que fueron tomadas- las fotos de retrato de personas hechas en la calle en acontecimientos dados en lugares públicos no pueden ser consideradas en modo alguno como lo que no son: "intromisiones" en la vida privada.
Todo lo contrario. Las fotos de hombres y mujeres anónimos son ejemplos gloriosos de la vida humana que se manifiesta y discurre por la calle. La esencia del fotoperiodismo la grandeza de este oficio de contar en imágenes lo que pasa en la calle son fotos de gente corriente como éstas:
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Pero no hemos rematado aun nuestro reportaje al r astro sin salir de un puesto. Nos falta la foto más personal, la que documenta el cara y ojos de nuestro tema y ésta de remate sí puede -y debe- ser posada: el equipo de venta del puesto 76: el titular, Javier Vañó, honesto empresario de la rama del comercio del mueble y decoración, con su hijo Javier a su izquierda -la derecha en la foto- y el amigo de éste Alejandro.
Con esta foto de filiación del reportaje a los protagonistas con sus nombres hemos conseguido plenamente el objetivo perseguido: hacer un reportaje distinto, desde luego no para Pulitzer ni Fotoprés, pero sí distinto, sobre todo, ¡personalizado!
Para hacer un reportaje potable -no nos cansamos de repetirlo-no hace falta para nada viajar a destinos lejanos y exóticos. Si algo abunda son buenos temas fotografiables sin necesidad de salir del barrio...
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Manuel López es editor de la revista FOTO.
Enlace a las lecciones publicadas de la serie "Fotografía para (no tan) torpes”.









