
Manuel López* (Especial para P-ES).- Tiene mala prensa incluso en la fonética del propio nombre, pero al final se ha impuesto, y así lo recoge el DRAE, el normal flas castellano frente al forzado flash anglosajón. Entre los fotógrafos serios, hablar de flas es mentar la bicha, por el riesgo matemático de flasazo, ese antipático fogonazo que abrasa de luz los motivos en primer plano -esto es, las caras de las personas fotografiadas- y machaca toda escena con una iluminación agresiva y plana que da como resultado, además de la quema de caras y la aparición de ojos rojos, sombras chirriantes y figuras bidimensionales que se van perdiendo en fondos progresivamente oscuros hasta la negrura.
No extraña, pues, el desdeño de que el flas es objeto por parte de los fotógrafos creativos, pues el que incorporan de serie las cámaras compactas encima del objetivo, como también los flases retráctiles escamoteados en el pentaprisma de las cámaras réflex de gama baja son sin duda alguna la peor fuente de luz imaginable. Precisamente por estar tan cerca del eje óptico del objetivo, el cañonazo frontal de luz arrasa de manera inmisericorde cualquier iluminación de claroscuro, justo la que crea la ilusión óptica de profundidad y volumen de los objetos o sujetos.
Con todo, el uso del flas -luz relámpago, Blitzlicht , luz de destello o relámpago en la etimología alemana-, es tan molesto y hasta temible como... necesario. Allí donde falte luz y queramos hacer foto, hay que echar mano del flas. Cuando no hay luz suficiente, queda siempre el recurso del trípode, pero si hay figuras que se mueven... flas al canto, si no saldrán movidas, o como estelas fantasmales.
Un tubo de cristal relleno de gas
Sucesor en altamente sofisticada vertiente electrónica limpia de la temible luz de magnesio que dejaba las estancias infestadas de una espesa capa de humo, los actuales flases electrónicos son fruto de un desarrollo tecnológico espectacular, desde las potentes cabezas de flas de estudio hasta las minúsculas lámparas de los teléfonos móviles.
En un artículo que se ha convertido en un clásico, Cómo funciona el flas electrónico (FOTO 10/2003), Rowland Creed lo explica así:
"El flas se compone de tres partes principales: un circuito convertidor del voltaje, un condensador y un tubo de cristal de cuarzo que contiene un gas inerte. La energía de bajo voltaje de las pilas se convierte en energía de alto voltaje a través del circuito condensador del voltaje, carga que se almacena en el condensador. Cuando el flas recibe la señal de sincronización de disparo de la cámara, el condensador descarga la energía acumulada a través del tubo de cristal relleno de gas. Los átomos de gas que contiene el tubo de cristal se ionizan al ser invadidos por la carga y liberan esta energía eléctrica en forma de luz visible. Un reflector situado detrás del tubo del flas se encarga de optimizar el aprovechamiento de la luz, enviando hacia delante la luz que sale disparada hacia atrás."
"Fórmula kleenex"
Explicada la teoría, ahora viene la práctica. Para no abrumar al lector "no tan torpe", veamos dos casos básicos, de libro, de remedio del flasazo. Fotografiada de cerca, en retrato, la cara de la muñeca sale abrasada de tanto torrente de luz. Esto ocurre porque si bien la duración del destello depende del tamaño del tubo de cristal y de la resistencia del circuito de descarga, lo cierto es que los circuitos que controlan la potencia lumínica de los flases limitan la duración del destello, no la intensidad. En fin, un lío.
Un lío... fácilmente resoluble. Para atenuar el fogonazo del flas abrasador una fórmula mágica es... ponerle delante un difusor. ¿Y qué milagroso "difusor" llevamos todos en el bolsillo? Pues un paquete de kleenex. Dicho y hecho, un trocito de pañuelo de celulosa aplicado delante de la ventana del flas nos va a servir de difusor. Podemos ir probando sucesivamente con más capas hasta conseguir el filtraje idóneo. La fórmula kleenex no falla.
Guerra a los ojos rojos
Otro incordio común de la iluminación con flas es la aparición de ojos rojos. Salta no sólo con ojos azules, sino con ojos suavemente pigmentados de cualquier color. Hoy es muy fácil eliminar este antipático efecto fantasmagórico que hace aparecer ojos rojos a resultas de la reacción de la membrana retinal, compuesta por minúsculas venas de sangre roja, cuando el destello del flas alcanza la pupila del ojo.
El recurso más creativo es el de alejar el flas del eje óptico del objetivo, pero eso entra en el siguiente epígrafe de flas rebotado. La fórmula desrojizadora de ojos que más a mano tenemos la incorporan de serie todas las cámaras: la posición de "ojos rojos" del selector de ajustes de flas, un icono con la figura del ojo con un puntito en su interior. Seleccionando esta opción, al pulsar el disparador el flas suelta un fogonazo previo cuya función es dilatar las pupilas del modelo y acto seguido, lanza el destello de verdad, el de la foto.
El problema añadido en este caso es el retardo -paralaje- del disparo. Esto es la obturación se produce no en el instante en que pulsamos el disparador -momento en el que lo que se activa décimas de segundo después es el destello del pre-flas, sino otras décimas de segundo más cuando el flas suelta el fogonazo sincronizado con el obturador de la cámara y se hace efectivamente la foto.
Flas rebotado
Cuanto más apartemos la fuente de iluminación de la cámara, tantas más posibilidades de conseguir iluminaciones creativas que modulen claroscuros en los motivos. Si, además, en vez de encarar el flas hacia el sujeto lo dirigimos al techo, o mejor todavía rebotado a una pared cercana, conseguiremos una iluminación más tenue y envolvente.
Por cierto, sorprende lo poco que usan esta modalidad los fotógrafos profesionales. El flas rebotado al techo proporciona una iluminación cenital... que resalta las calvicies y ensombrece los ojos, mientras que contra una pared proporciona una siempre más agradable, sorprendente, iluminación lateral.
Pero para eso hay que disponer de un flas de mano y un cable de conexión largo. Como quiera que la mayoría de los mortales no solemos llevar un cable de sincronización en el bolsillo, la guerra a los ojos rojos hemos de hacerla usando el primer recurso de todos: encender cuantas luces sea posible en la estancia, al objeto de que las pupilas de nuestros modelos se dilaten.
A algunos ejemplos tipo de utilización creativa del flas dedicaremos alguna que otra entrega más adelante. Hoy empezamos a preparar la próxima, que consistirá según programa en hacer una foto decente, publicable, de un pleno municipal de rutina aquí en Denia, a donde a lo mejor hasta acude la ministra alemana que se halla aquí entre nosotros y que algún problemilla tiene en su país al trascender el hecho de que, estando de vacaciones, resulta que a sus escoltas relajadamente alojados en el chalé de al lado les han mangado el Mercedes oficial...
*Manuel López es editor de la revista FOTO.
Enlace a las lecciones publicadas de la serie "Fotografía para (no tan) torpes”.

