| 26 de Noviembre de 2009
Posted in Fotografía - Aula FOTO
(Manuel López*. Especial para P-ES).- "¡Sácame así!", bien cabe imaginar que dijera Abraham Lincoln al profesional al que encargó su archifamoso retrato que se convertiría en un icono de la presidencia de la democracia americana. Sólo que el "sácame así" era algo más que una mera indicación para que le fotografiasen posando él como el modelo de muestra. No quería una imagen similar, sino una imagen clónica; esto es, la misma estampa, pero con su cabeza implantada ahí. No se trataba, pues, de hacerle un retrato, sino un montaje. La orden de "sácame así" iba dirigida, pues, no al fotógrafo, sino al retocador; en realidad mas bien era una orden de "sácame aquí", señalando la imagen a suplantar:
"Cara propia en cuerpo extraño"
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Dicho y hecho, al presidente Lincoln le hicieron un retrato con la misma postura y una iluminación similar para recortar luego los contornos y pegarlo sobre la cabeza del personaje en la imagen de muestra, ahora clonado. Nacía así con la imagen de la cara presidencial en cuerpo extraño el fotomontaje aplicado a los retratos de estadistas. Abraham Lincoln era inmortalizado a la carta para la historia sobre el cuerpo de John Calhoun. Paradoja de paradojas de la vida, el presidente que firmó en 1862 la ley de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos se reencarnaba así en el cuerpo de un político sureño que figura en las enciclopedias como uno de los más cerriles defensores de la esclavitud.
El patinazo de los asesores de Lincoln con la manipulación del retrato de Calhoun hizo escuela sobre lo que no debe hacerse en fotografía de retrato de mandatarios, de la que sólo cabe esperar que sea en todo tiempo y lugar la fotografía políticamente correcta por excelencia. La experiencia lincolniana se truncó con la aparición de las dictaduras en Europa. Con independencia del signo político primero Lenin y Stalin, luego Franco, Hitler y Mussolini instauraron una férrea censura fotográfica que hizo multiplicarse el trabajo de los retocadores.
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De la manipulación dentro de un orden...
Los dictadores no es que quieran salir favorecidos en la foto; ordenan salir perfectos. Un ejemplo paradigmático es la célebre foto del encuentro de Franco con Hitler en la estación de Hendaya. El Führer sale impecable en su pose marcial para la foto; el más bajo y menos atlético Caudillo, en cambio, sale con los ojos cerrados y la boca abierta. La orden de arreglar la foto está cantada: buscar una foto más favorecedora de Franco e insertar la nueva cara encima de la antigua. Obsérvese también el detalle del retoque de la mano extendida.
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...al esperpento...
La iconografía del fascismo tuvo en Mussolini su exponente más... esperpéntico. El Duce se dejó u ordenó fotografiar en las poses más triunfales, siempre en la perspectiva en contrapicado, con el fotógrafo a sus pies y el infinito como fondo. Gustaba de la foto ecuestre. En esta toma, la orden al retocador consistió no sólo en eliminar la figura de la mujer que sujeta al caballo, sino también al soldado que sujeta al caballo por detrás, así como resaltar los brillos en las figuras del caballo y el consumado (léase bien asistido) jinete.
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.. y la eliminación del disidente
Esta es con toda probabilidad la foto que se lleva la palma en el capítulo de imágenes manipuladas. Nikolai Yezhov, el joven uniformado con aspecto aniñado, sería el temible jefe de la policía estalinista a quien el propio Stalin decretaría ejecutar. Para borrar su rastro de la historia, los retocadores del régimen estalinista tuvieron que esforzarse a fondo hasta el punto de conseguir una falsificación casi perfecta de la historia. El "sácame así" de Lincoln o Mussolini se convierte de este modo en "sacadme a ése de la foto".
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Pobre Trotsky
Al igual que ocurre con el resto de los mortales, hay políticos que nacen con estrella y políticos que nacen estrellados. León Trotsky está claro que no fue de los primeros. Cuando no hay libertad, los políticos en el poder piensan que lo suyo es para siempre, por lo que ponen sus sistemas de propaganda al servicio de la exaltación del líder. Si el disidente estorba, muy sencillo: se le borra de la foto y listo. La enfermiza fijación de Lenin por borrar de la historia a Trotsky le llevó a ordenar las manipulaciones fotográficas más burdas.
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"Quita y pon"
El que se mueve no sale en la foto -o le mueven, vaya-. Pueden moverle fuera de la foto -Goebbels, los cuatro dirigentes chinos de la "banda de los 4"- del mismo modo que pueden ordenar moverle adentro de la foto -Bush arengando de repente a las tropas-. Es de justicia reconocerles a los anónimos retocadores de los estudios fotográficos conectados con el poder su extraordinaria profesionalidad, al tiempo que su valentía en guardar una copia de la foto original. No podríamos reconstruir la historia si no tuviéramos acceso a las copias originales -las pruebas del delito- para comparar la distancia que hay entre libertad de expresión y ausencia de ella.
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Cámara abajo, brazo en alto
Tener sometido al pueblo es una situación que sólo cabe ilustrar fotográficamente con el líder encumbrado y el fotógrafo a sus pies. Además de exaltar al caudillo en cuestión, así se podía disimular, por ejemplo, la pequeña estatura de Franco. Comunismos, fascismos y populismos comparten así la iconografía de la perspectiva sumisa y exaltadora del contrapicado.
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El mito y el hombre
De la copiosa documentación gráfica de Ernesto Ché Guevara, el más fotogénico de los barbudos que hicieron con Fidel Castro la Revolución Cubana de 1958, fotógrafo -y de los buenos- él también, estas dos fotografías retratan a la perfección el cuerpo y el alma, el hombre y el mito. Apenas nueve meses las separan. El universalmente archifamoso retrato -con toda probabilidad la foto más veces impresa de la historia en todo tipo de soportes- fue hecho por Alberto Díaz Gutiérrez Korda el 5 de marzo de 1960 en La Habana; le puso por título Guerrillero heroico. La de la derecha fue tomada en Moncloa por un jovencísimo César Lucas que siguió los pasos del Ché durante su visita a Madrid el 14 de junio de 1959.
Para Giuliana Scimè, el Ché de Korda tiene la mirada de la paradigmática Mona Lisa. El retrato del Ché, sostiene, "captura los ideales de su tiempo". Vicky Goldberg, por su parte, no duda en afirmar que el retrato del Ché "hizo más por su causa que lo que él mismo logró durante su vida".
La foto de César Lucas, por su parte, viene a dar esplendorosamente al traste con el estatus del fotógrafo sumiso que enfoca los rostros del poder de abajo arriba. El Ché de Lucas es un turista ciertamente un tanto raro por la barba aunque no tanto por la vestimenta -por aquella época no era nada inhabitual ver militares de uniforme por las calles-. Realmente es todo un gobernante en eminencia paseando de incógnito ¡y sin escolta! por las calles de una capital en la que ha hecho escala. Pero sobre todo el Ché de César Lucas es... persona. Esto es, una persona de carne y hueso que pisa el suelo con los pies como cualquier hijo de vecino. Bajo el uniforme del mítico líder revolucionario se siente palpitar un corazón de carne.
Y allí estaba César Lucas, un promesa de dieciocho años dando los primeros pasos de la que sería una de las carreras más brillantes de todos los tiempos en fotoperiodismo. Se atrevió a fotografiar al poder en picado, de arriba abajo, para que pudiéramos ver a un mandatario con los pies en el suelo. La fotografía política se enriquecía con la mirada audaz y valiente de un joven fotógrafo resuelto a humanizar el poder. Casi nada.
*Manuel López es editor de FOTO.
(La foto del Ché puede verse en la exposición de César Lucas El oficio de mirar, en el Museo de Arte Contemporáneo, Conde Duque, 9, de Madrid, hasta el próximo 9 de enero de 2010)
Próxima lección: ¡Mírala! (y fotografíala: la Puerta de Alcalá)
Lecciones publicadas:
Fotografía para (no tan) torpes /11: Abecé del control de la profundidad de campo
Fotografía para (no tan) torpes / 10: Así se gustan ver en foto los gobernantes (2)
Fotografía para (no tan) torpes / 9: Punto de vista fotográfico, distancia focal, ángulo de toma, perspectiva: un lío... resoluble
Fotografía para (no tan) torpes / 8: Así se gustan ver en foto los gobernantes (1)
Fotografía para (no tan) torpes / 7: Lo llaman perspectiva pero sólo es el punto de vista fotográfico
Fotografía para (no tan) torpes /6: Blau Gospel en concierto
Fotografía para no tan torpes / 5: Fotos al amanecer... pescando
Fotografía para (no tan) torpes /4: Un puesto en el rastro
Fotografía para (no tan) pobres /3: Por ejemplo, un pleno municipal
Fotografía para (no tan) torpes / 2: a propósito del molesto pero necesario flas
Fotografía para (no tan) torpes / 1: "Más cerca" (pero mejor con los pies)
Presentación de la serie: "Fotografía para (no tan) torpes"

escrito por Cristina, diciembre 04, 2009
También observo en el texto escrito que cambia de tema cuando llega a Ernesto "Che" Guevara. Abandona el de la preocupación de los líderes por su imagen, para hablar de dos fotógrafos, acaso...¿uno obsecuente y otro valiente? Si no se hubiera desviado de su propia línea argumental, hubiera analizado también a este "líder". Debería haber dicho que carecía de aparato progandístico. No contrató a Korda para fotografiarlo desde "abajo", ni le impidió al joven Lucas que lo hiciera desde "arriba".
Le envío un saludo cordial.
escrito por Ignacio , diciembre 04, 2009
escrito por Pablo, diciembre 04, 2009
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