
Manuel López* (Especial para P-ES).- No, no es por azar o por capricho que los fotógrafos de verdad -los que usan cámaras de gran formato de banco óptico (de fuelle, en el lenguaje común)- se tapen la cabeza tras la cámara con un amplio y tupido paño negro.
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Y es que en la lente de Fresnel, una hoja de cristal esmerilado alojada en del respaldo -el montante trasero del fuelle- de la cámara y en la que se focaliza la luz -esto es, se visualiza la imagen- es donde el fotógrafo compone y encuadra la foto. Una vez compuesta, ha de explorar con precisión milimétrica a la busca del punto exacto del ajuste fino del enfoque de la imagen. Unas décimas de milímetro de desplazamiento hacia delante o hacia atrás pueden desviar en fotografía de retrato el plano de enfoque de los ojos del modelo hacia la nariz o hacia las orejas.
Pero el paño negro tiene otra función adicional: la de permitir controlar la profundidad de campo. Esto es, la extensión de zona de nitidez que alcanza la imagen hacia delante y hacia atrás del plano de enfoque. Cuanto más cerramos el diafragma, tanto mayor es la profundidad de campo. El paño negro es imprescindible, pues a medida que vamos cerrando el diafragma, la imagen lógicamente se va oscureciendo en el cristal esmerilado. Lógico; a medida que cerramos el grifo, va disminuyendo el caudal de agua.
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Con las cámaras réflex, la comprobación de la profundidad de campo necesita igualmente en teoría que nos protejamos con un paño negro la cabeza. Si no se recurre al paño es por la sencilla razón de que los objetivos tienen grabada la escala de la profundidad de campo. Basta comprobar previamente desde dónde y hasta dónde queremos nitidez. Supongamos que desde 30 centímetros hasta infinito con un objetivo dado -en este caso, el Pentax 15 mm.-. No problem. Ajustamos el plano de enfoque a mano de manera que cerrando al máximo el diafragma a f/22 tenemos que, ajustando el enfoque a 50 centímetros, tendremos una profundidad de campo desde 30 centímetros hasta infinito. La solución no es otra que la de enfocar a la marca de la distancia que el propio objetivo nos recomienda.
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Esta ley de la física aplicada a la óptica nos lleva a un tema derivado en el que inopinadamente no reparan los manuales de fotografía al uso. Y es que el plano de enfoque, pongamos 1 metro, no es un plano perpendicular rectilíneo de un metro de distancia al sensor de la cámara. Nada de eso. Enfocando a un metro, estamos ajustando el foco a un metro circularmente al plano de la película en un radio de un metro. Elemental.
Esta reconfirmación de las entretelas, la mecánica de la profundidad de campo se complementa con la regla de acuerdo a la cual actúa la profundidad de campo. Y no es otra que la de que crece o mengua siempre en la relación de un tercio hacia delante del plano de enfoque y dos tercios hacia atrás:
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Una vez que controlamos la logística de la profundidad de campo ya estamos en condiciones de usar el control de la misma de manera creativa. Y aquí hemos de tener en claro cuál de las dos únicas opciones posibles nos conviene adoptar: o bien mucho foco, un gran tramo de profundidad de campo, o poco foco, un área estrecha de profundidad de campo. Importantísimo no olvidarnos ya nunca de la regla: 1/3 hacia adelante, 2/3 hacia atrás.
Otro aspecto que hemos der tener siempre en cuenta es el hecho de que la zona de profundidad de campo es más estrecha cuando más cerca se halle el plano de enfoque del objetivo. Con el mismo diafragma, el tramo en centímetros de zona de nitidez se acorta exponencialmente a medida que aproximamos el enfoque: de varios metros de zona de nitidez enfocando a una distancia media, pongamos cinco metros, la profundidad de campo se achica dramáticamente a unos pocos centímetros, como muestra la foto dramáticamente.
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Aplicado a la fotografía de retrato, el control de la profundidad de campo nos pone en disposición de mejorar lo presente abriendo el diafragma. Al reducirse la zona de profundidad de campo, podemos resaltar el elemento central de nuestra foto, aislándolos tanto del fondo como, en su caso, de primerísimos primeros planos. En fotografía de retrato, lo que ha de mandar en el enfoque y por consiguiente en la profundidad de campo no es otra cosa que los ojos de los modelos. Ojos en foco, lo demás ya puede estar borroso. Cuanto más fuera de foco, esto es, lejos de la zona nítida de profundidad de campo, tanto más resaltarán.
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El desenfoque sugiere misterio; hace aparecer como desconocido o ignoto lo que, cerrando el diafragma, aparece esplendorosamente nítido. Y llegados aquí hemos arribado a uno de los principios de cabecera de la fotografía: el desenfoque creativo también puede ser igualmente esplendoroso. La nitidez muestra, la falta de nitidez sugiere. No se concibe una fotonoticia desenfocada, del mismo modo que, por el contrario, cuesta soñar con un poema visual todo en foco, con lo sugerente que puede llegar a ser la falta de foco. Mostrar -fotonoticia- vs. sugerir -foto arte-. Ninguna excluye a la otra; cada una en su momento y lugar. El fotógrafo es quien tiene la obligación y el deber moral de adecuar primero la imagen a su pensamiento y luego al medio pertinente. Un ensayo fotográfico en un periódico gratuito no casa, como tampoco una foto banal en una revista de pensamiento.
*Manuel López es editor de la revista FOTO.
NOTA: Para la realización de las fotos para esta lección se utilizó una cámara Pentax K20 con un objetivo Sigma Zoom 24-70 mm f/2.8 EX DG Macro.
Próxima lección: Fotografía para (no tan) torpes / 12: sí se gustan ver en foto los gobernantes (3)
Enlace a las lecciones publicadas de la serie "Fotografía para (no tan) torpes”.








